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domingo, 13 de abril de 2014

Creer en el amor de Dios

El misterio más grande de la vida es la vida misma. ¿Qué es la vida? Tan frágil y sin embargo tan preciosa… ¿Qué es la vida comparada con la existencia de todo el Universo, ese cosmos alucinante en medio del cual nuestro sol no es más que polvo?

De todo lo que conocemos sólo hay una cosa que está al mismo nivel de ese misterio: el amor. Entre el misterio de la vida y el amor hay vínculos profundos, un parentesco secreto. Pero el amor nos llega de Aquel que es la fuente de la vida, el Creador del Universo, es decir, de Dios.


Si queremos vivir en el sentido más profundo de la palabra, nos es necesario conocer a Dios, es decir, estar en relación con él, porque Dios es amor. Su amor no es algo abstracto sino algo personal, una voluntad de querer hacer el bien, fuerte y creadora, para cada uno de nosotros. Su amor vino a nosotros en la persona de Jesucristo. Él no permaneció distante, sino que se acercó a los hombres. No fue pasivo, sino que actuó y se entregó a sí mismo. Incluso si Jesús fue incomprendido, rechazado y entregado a muerte, su amor venció, pues Jesús dio su vida para llevarnos a Dios. Ahora cada uno debe recibirlo con agradecimiento. Fe es creer en el amor de Dios, y el que cree recibe la vida eterna.


“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).


De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16


Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor.
1 Juan 4:16
 

lunes, 6 de enero de 2014

Muchos vivimos actualmente recordando nuestro mal pasado y de está forma sintiéndonos mal en el presente, creyendo en muchas ocasiones que no hemos sido perdonados o que no merecemos perdón.
La Biblia dice: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1:18 (Reina-Valera 1960). Eso significa que para recibir perdón de nuestro pecados, no importando como fueron, donde fuero, ni cuando fueron, lo único que necesitamos es ir delante de Dios, reconocer nuestros pecados y pedir perdón, porque si hacemos eso automáticamente Él nos perdona.

La Biblia dice: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados”. Isaías 43:25 (Nueva Versión Internacional). Leer siempre este verso me hace comprender que el perdón que recibo de Dios, no proviene de un merecimiento que hice, sino mas bien del amor puro que Dios nos tiene y ese mismo amor le hace olvidar nuestros pecados.
Ahora bien, si Dios nos perdona, ¿Por qué nosotros seguimos empecinados en no creernos perdonados?, ¿Por qué seguimos creyendo que lo que hicimos fue demasiado “grande” como para recibir perdón?, y es que cuando Dios nos perdona, no lo hace midiendo tu pecado, simplemente Él ve tu arrepentimiento genuino y te otorga ese perdón que necesitas.
Lastimosamente nosotros categorizamos el pecado en grande y pequeño, pero Dios no mide lo grande de tu pecado o lo pequeño que fue, Él te otorga el mismo perdón no importando tu pecado y es tan hermoso Dios que hecha tus pecados al fondo del mar, es decir, se olvida por completo de lo que hiciste y jamás te lo recordará: “Volverás a tener compasión de nosotros. ¡Aplastarás nuestros pecados bajo tus pies y los arrojarás a las profundidades del océano!” Miqueas 7:19 (Nueva Traducción Viviente).
¿Te sientes sucio?, ¿Sientes que has pecado de la manera mas vil?,  ¿Consideras que lo que hiciste no tiene perdón?, pues déjame decirte que DIOS QUIERE PERDONARTE.

¿Qué necesitas para recibir el perdón de Dios?
1.     Reconocer tu error o que pecaste, tener conciencia pura de que lo que hiciste estuvo mal.
2.     Estar arrepentido genuinamente por lo que hiciste, es decir no querer repetir ese error.
3.     Pedir perdón a Dios, quien te lo otorgara enseguida.
Cuando tu vienes delante de Dios y reconoces tu pecado, estas arrepentido y le pides perdón a Dios, tienes que tener la SEGURIDAD  de que DIOS TE PERDONA.
Cuando Dios te perdona quiere al mismo tiempo que estés seguro de que esa situación esta olvidada y que ahora tienes una nueva oportunidad para mejorar, para vivir de otra manera o para mostrar que realmente quieres hacer lo correcto.
La voluntad de Dios es que puedas sentirte libre de la carga del pecado, y eso solo se logra creyendo en el perdón que Dios nos otorga. Por lo tanto ya no sigas pensando que no tienes perdón, ni que lo que hiciste fue demasiado malo, porque Dios no te perdona por lo poco o mucho que hiciste, sino porque simplemente TE AMA.
¡Vamos! ¡Levántate este día!, ya no sigas creyendo que no has sido perdonado, si reconociste tu error y te arrepentiste genuinamente, entonces tienes que estar seguro que en el momento que le pediste perdón a Dios, Él te lo otorgo.

¡Él te ha hecho libre! ¡Vive tu vida reconociendo tu libertad en Él!

“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
Juan 8:36 (Reina-Valera 1960)

miércoles, 1 de enero de 2014

Soy de gran valor, porque Dios me ama

“…SOMOS LA OBRA MAESTRA DE DIOS…” (Efesios 2:10 NTV)
El miedo de ser insignificante, poco más que un cero a la izquierda, puede predisponerte para que en realidad se cumpla esa premisa. El proceso es como sigue: Cuando te vas a presentar a una entrevista de trabajo, tus temores se apoderan de ti y piensas: ‘Ya sé que no les voy a impresionar y que voy a hacer el ridículo. Me harán preguntas que no voy a saber responder’. Con esos pensamientos, un ratón en una jaula de leones tiene más posibilidades que tú de salir ileso. Y al final te va mal la entrevista y te sientes aún más insignificante y negativo que antes. O consideremos a la joven a quien un muchacho muy guapo le ha pedido quedar para salir. El chico es tan guapo que ella se pregunta lo que ve en ella y está segura de que cuando la conozca mejor, va a acabar con la relación. Así que esa inseguridad la obliga a usar la única arma en la que confía: su cuerpo. Se acuesta con el joven en su primera salida por temor de que no haya una segunda, y después acaba sintiéndose como una mujer objeto, algo en lo que nunca quiso convertirse.

El miedo de ser insignificante da como resultado las consecuencias que se temen, y se llega al destino que se trataba de evitar. ¡Cuidado! El problema es que no te estás poniendo de acuerdo con lo que dice de ti Dios; estás cuestionando su juicio y dudando de sus gustos. Su Palabra dice que Él no puede dejar de pensar en ti, que si pudieras enumerar sus pensamientos, estos “…se [multiplicarían] más que la arena” (Salmo 139:18). ¿Por qué te ama tanto Dios? Por la misma razón que un pintor ama sus cuadros: “...Somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás” (Efesios 2:10 NTV). Entonces, cuando te levantes por la mañana, mírate en el espejo y di: ‘Soy de gran valor, porque Dios me ama’.