Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones cristianas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexiones cristianas. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de agosto de 2016

«CAMINO DEL INDIO»

El satélite de la NASA terminó de hacer su recorrido en el espacio. Su misión —la misión que le encomendaron los técnicos— había sido tomar fotografías de la superficie terrestre. Sus cámaras especiales habían estado enfocadas sobre el cono sur de América, precisamente sobre el territorio de Chile.
Cuando los técnicos desarrollaron las fotos, se asombraron y se felicitaron. Vieron un camino, un camino de piedras trazado perfectamente sobre las faldas de la cordillera de los Andes. Era un tramo, desconocido hasta entonces, del camino del Inca, aquel formidable emperador de la América precolombina, cuyo imperio se extendió desde Chile en el sur hasta Colombia en el norte.
¡Notable descubrimiento este! Los incas fueron constructores sobresalientes, no sólo de palacios, templos, y fortalezas, sino sobre todo de caminos. Desde la Araucanía en el sur hasta los llanos colombianos en el norte, y desde las costas del Pacífico hasta bien adentro de las montañas y las selvas por el este, los incas trazaron magníficas rutas empedradas. Bien cantó Atahualpa Yupanqui: «Camino del indio, sendero coya sembrao de piedras; camino del indio que junta el valle con las estrellas.»
Fue merced a sus caminos que los incas edificaron su imperio. Sin esos caminos que atravesaban desiertos, salitrales, bosques, selvas, montañas y valles, hubieran quedado pobres, aislados y retrasados. Con caminos, que son como venas y arterias por donde corre la vida, levantaron una civilización poderosa que sólo cedió a la codicia de los españoles.
Hubo una vez un rey, mucho más glorioso y poderoso que el Inca, que también trazó un camino. No fue un camino de piedras. No fue un camino largo de centenares de leguas. No fue un camino que unió en una red inmensa a Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Fue un camino nuevo y vivo que unió la tierra con el cielo cuando unió al pobre pecador perdido con el Dios Altísimo y Todopoderoso, Señor de la gloria.
El constructor de ese camino, y a la vez el Camino mismo, fue Jesucristo, Aquel que dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14:6). Es por ese camino vivo y llano que podemos llegar a Dios y recibir la vida eterna.

miércoles, 24 de agosto de 2016

«EL VENGADOR DE LOS INOCENTES»

«La pobre joven estaba encinta....
»—Hija —[le] dijo [su padre], turbada la voz.
»Volvióse ésta con ojos espantados [debido a] la faz contraída... de su padre.
»—Sabe, hija, y no te apenes,... aquel... malvado... tu seductor... ha huido, embarcándose ayer —concluyó [el padre], entre rugidos....
»La joven miró al cielo, brotaron lágrimas reprimidas de sus ojos, y volvió a bajar la cabeza.
»—Sea como Dios quiera —murmuró....
»El hombre apretó los puños... y continuó:
»—Ese miserable se ha burlado de ti; está bien: la justicia algún día se encargará de arreglarle las cuentas... Yo haré lo que me competa. Solamente espero que seas fuerte, y me ayudes a encubrir nuestra honra....
»La joven se dominó; trató de serenarse, y quiso ser más fuerte que su desgracia....
»Corría el año de 1823 ó 1824.... Frente al templo [de Nuestra Señora de las Mercedes] vivía en una pobre casa... una mujer del pueblo, comadrona... conocida bajo el nombre de Señá Petronila la partera....
»Aconteció que una noche, entre doce y una, fuertes golpes resonaron... a la puerta.... La Señá Petronila se levantó apresuradamente....
»—Abra usted, Ña Petronila, que la vengo a solicitar para una señora.
»La comadrona... abrió y se puso a disposición del desconocido..., [quien la vendó] para que ignorase a donde la conducía....
»Señá Petronila y su misterioso acompañante... llegaron al fin... [al patio de] la casa indicada... desde [donde] se dominaba el río... Ozama....
»Allí, a la luz de las estrellas, [la partera] vio... a su parturienta: era una mujer completamente embozada.
»—Ahí tiene usted a esa señora —díjole el desconocido [a su hija, la joven parturienta], con tono seco e imperiosa voz—: cumpla usted con su deber....
»Pasado un buen rato [en] fúnebre silencio..., quedó cumplido el delicado y penoso encargo, y tan feliz alumbramiento dio ánimo a la pobre Señá Petronila....
»[Tomó] a la criaturita, que lloraba débilmente, y la [entregó] sonriendo a aquel hombre, esperando que esto fuese de su agrado, y... ¡el monstruo [arrebató] al recién nacido por los pies y... sin proferir una sílaba, sin mirarlo, [lo arrojó] al río!
»El niño exhaló en el aire un gemido al caer, y las olas se abrieron con estruendo, tornando a cerrarse sobre la líquida tumba del inocente....
»El hombre sacó del gabán un largo bolsón de dinero que dejó en las manos de la Señá Petronila....
»—Oiga usted, buena mujer —le dijo en voz baja, sombría y amenazadora, mirándola con... ojos feroces—: cuidado con revelar nada de lo que ha visto. Yo la alcanzaré dondequiera que usted se meta, y ¡ay de usted entonces!... ¡Vaya usted con Dios!»1
¡Con razón que a este cuento añejo, que escribió en 1889, el autor dominicano César Nicolás Penson le puso por título «Drama horrendo»! Lo que seguramente no comprende el despiadado padre y abuelo del cuento es que ese mismo Dios al que encomienda a la partera ha establecido que pecadores como él no escaparán de su pecado.2 «¡Ay de los que... cometen sus fechorías en la oscuridad, y piensan: “¿Quién nos ve?”!... —les advierte Dios, “el vengador de los inocentes”—.3 Muy pronto... todos los que no duermen para hacer el mal... y con engaños perjudica

sábado, 20 de agosto de 2016

NADIE HA SUFRIDO COMO YO»



(Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer)
«Cuando Magdalena tenía trece años, su madre murió. Ella no tenía adónde ir, de modo que se empleó de sirvienta con una familia rica e importante (los De la Torre, unos verdaderos esnobs). Noche tras noche, el joven de la casa la “usaba”. Ella nunca lo denunció a su patrona porque pensó que era parte de su trabajo. Cuando salió preñada, acudió a la doña, que la acusó de ser una [mala mujer] mentirosa y desagradecida, y la botó a la calle.
»Magdalena dio a luz una niñita, Amantina, y durante años apenas tenían para comer. Magdalena dice que la pila de basura cerca del aeropuerto viejo era su bodega, y su casa un cobertizo abandonado cerca de la pista de aterrizaje....
»En algún momento los De la Torre debieron ver a la niñita rubia, de ojos color avellana. Decidieron que tenía alguna relación con su hijo. Fueron a la casa donde trabajaba Magdalena, y se llevaron a la pobre niña en medio de sus gritos....
»Magdalena trató de recuperar a Amantina. Una noche entró en la casa de los De la Torre y trepó por la misma escalera que usaba el joven. Llegó apenas hasta el vestíbulo de arriba, donde la atrapó la doña de la casa, que salía de su dormitorio en bata. Magdalena exigió que le devolviera a su hija, y sacó un cuchillo para que viera que hablaba en serio....
»[La condenaron a] veinte años por tentativa de asesinato.»1
Así termina la historia de su vida que le cuenta Magdalena a su compañera de celda María Teresa Mirabal en la novela histórica de Julia Álvarez titulada En el tiempo de las mariposas. Magdalena luego dice: «Cuando salga, mi hijita tendrá la misma edad que yo cuando entré”, y se pone «a llorar como si sus lágrimas brotaran de su roto corazón». De ahí que María Teresa concluya esa entrada en su diario del lunes 11 de julio de 1960 con estas tiernas palabras: «Me acerqué y la tomé entre mis brazos, como siempre hace Mamá conmigo.»2
Sobre ese encuentro íntimo María Teresa escribe: «Durante meses he pensado que nadie ha sufrido como yo. Pues estoy equivocada. Magdalena me ha enseñado más acerca de lo privilegiada que soy que todas las lecciones de Minerva acerca de las clases sociales.»3
Sólo cuatro meses después, el 25 de noviembre, María Teresa habría de sufrir el martirio junto con dos de sus hermanas mayores, Patria y Minerva, por su oposición a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. A las hermanas Mirabal se debe que en 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la propuesta de la República Dominicana, con el apoyo de ochenta países, de que cada 25 de noviembre se celebre el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer.4
Más allá de reconocer el flagelo de esa violencia, ¿hay algún alivio divino que podamos ofrecerles a las mujeres que son víctimas, tales como la pobre Magdalena que tuvo la desdicha de vivir En el tiempo de las mariposas? Gracias a Dios, sí lo hay. Pues según el profeta Isaías, el Señor, que estima a los pobres y afligidos, promete consolar a sus hijas como madre, tal como la mamá de las Mirabal las consolaba a ellas, to

sábado, 13 de agosto de 2016

«ESTE IMPULSO QUE ME DOMINA»

«Hace dos meses comencé a tener relaciones sexuales con mi novia. Sin embargo, me siento tentado a pagar por placer. Sé que ninguna de las dos cosas es correcta, porque ella y yo no estamos casados; pero no sé qué hacer. Quiero detener este impulso que me domina. Siento que me aleja más de Dios.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»Hay muchos hombres que se identificarán con la situación en la que usted se encuentra, ya que todos los hombres en definitiva tienen, o han tenido, el mismo impulso sexual que usted describe. Sin embargo, la mayoría de los hombres no están dispuestos a correr el riesgo cuando se paga por ese placer. Tal vez usted haya decidido que está dispuesto a contraer una enfermedad venérea, pero es muy cruel exponer a su novia al riesgo de contraer una grave enfermedad. Si usted le tiene afecto alguno, no le hará eso.
»¿Qué pasaría si su novia quedara embarazada? Usted puede tomar todas las precauciones que juzgue necesarias, pero muchas personas le advertirán que tales precauciones no siempre dan resultado. Así que el seguir teniendo relaciones sexuales con su novia bien pudiera comprometerlo a cuidar de un niño tanto emocional como económicamente durante los próximos dieciocho años o más.
»Usted dice que quiere detener ese impulso que lo domina, pero el deseo sexual es algo que no puede detenerse. Sin embargo, usted no es una víctima indefensa sin poder alguno. Ese impulso sólo puede dominarlo cuando usted se lo permite. Así que tome control de su vida y su futuro. Escoja a un amigo que comprenda y apoye su deseo de cuidar su pureza sexual. Cuéntele acerca de las tentaciones que usted siente, y pídale que le haga rendirle cuentas de su conducta todos los días.
»Deje de ir a los sitios donde ha tenido relaciones sexuales con su novia, y planee más bien actividades con otras parejas. Evite situaciones que lo lleven a la intimidad física. Si hace buenos planes y está resuelto a cumplirlos, puede dominar sus impulsos....
»Tiene razón en cuanto a que las relaciones sexuales fuera del matrimonio nos alejan de Dios. Eso se debe a que Dios detesta todo pecado. Sin embargo, a pesar de que odia el pecado, Dios no odia a la persona que ha pecado. De hecho, Él nos ama a cada uno tanto que dio a su único Hijo Jesucristo para que muriera en la cruz por nuestros pecados, de modo que no tuviéramos que sufrir las consecuencias eternas. Si de veras está arrepentido por los pecados que ha cometido y le pide a Dios que lo perdone en el nombre de Cristo, Él lo hará. Pero es necesario que dé ciertos pasos para dejar de cometer los mismos pecados vez tras vez. Si cultiva una relación personal con Cristo, y le da prioridad todos los días, le será más fácil resistir la tentación.»

miércoles, 10 de agosto de 2016

«QUE MI HIJO DEJE ESTE VICIO»

«Tengo un hijo de diecinueve años que consume marihuana. Cuando me di cuenta, yo me preocupé mucho y pensé que yo solo podía resolver este problema dándole mis consejos. Mi hijo sigue hasta el momento consumiendo marihuana [y] se ha vuelto muy violento.... No he podido hacer que mi hijo deje este vicio.... Incluso dentro de la casa ha consumido marihuana. Antes mi hijo era una persona muy diferente. Era muy sentimental y muy bueno. No sé cómo fue que se me salió de las manos.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»A cualquier padre le quebranta el corazón ver a su hijo tomar decisiones peligrosas.... Pero una vez que el hijo llega a ser adulto, cambia el papel del padre. Deja de ser la máxima autoridad y se convierte en una influencia más entre muchas otras.
»Los padres deben seguir mostrándoles amor y afecto a sus hijos adultos. Sin embargo, no deben seguir pagando por las malas decisiones que ellos tomen. Al permitir que su hijo viva en casa, usted está contribuyendo a que siga fumando marihuana. Al pagar por los alimentos que él consume, usted le está dando más dinero para comprar la droga. Y si usted le está dando dinero para estudios universitarios o transporte o ropa, está permitiendo que él siga haciendo lo que usted sabe que es tan peligroso para él.
»Hable con su hijo y dígale que, debido a lo mucho que lo ama, él puede optar por seguir viviendo en casa o por seguir fumando marihuana, pero no puede hacer ambas cosas. Si se decide por la marihuana, tendrá que empacar sus pertenencias y mudarse a otro lugar. Usted cambiará las cerraduras de las puertas para que él no pueda volver a entrar. Y usted no volverá a costear ninguno de sus gastos, aunque sí lo invitará a que cene en casa una vez a la semana.
»Nunca amenace con hacer nada a no ser que esté dispuesto a cumplirlo. Nunca ofrezca nuevas oportunidades a no ser que haya dicho por adelantado que dará determinado número de oportunidades. Y nunca se dé por vencido sólo porque el hijo adulto ruega y suplica....
»Cuando uno de nuestros hijos tenía dieciocho años, nosotros hablamos con él acerca de eso mismo. Fue desgarrador tener que decirle que ya no podría seguir viviendo en casa porque se negaba a obedecer las reglas que habíamos establecido. Después de eso, él vivió por un tiempo con amigos y hasta en la calle, pero finalmente se hizo responsable de su conducta y comenzó a tomar buenas decisiones.
»A fin de poner en práctica este consejo, le hará falta la fuerza y la sabiduría que sólo Dios puede darle. Ore y pídale a Dios que sea su Amigo y su Guía. Pídale que lo perdone por los pecados que ha cometido, y que lo ayude a mostrarle amor a su hijo aun durante el lapso en que esté imponiendo esos límites para el bien de toda su familia.»
Con eso termina lo que Linda, mi es

sábado, 6 de agosto de 2016

REFELXION : DIEZ AÑOS SIN PODER TRAGAR

Graciela Cruz Murillo, hondureña de veintisiete años, se dispuso a comer su pudín de crema. Tomó el primer bocado, que paladeó deleitosamente. Retuvo un momento el alimento en la boca, y lo tragó con gran satisfacción. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su boca se plegó en un sollozo, y su corazón dio gracias emocionadas a Dios.
Era la primera vez en diez años que Graciela podía tragar comida sólida. Cuando tenía catorce años de edad y vivía en Honduras, su país, tragó accidentalmente ácido corrosivo. Su esófago quedó arruinado. Debió ser alimentada por un tubo insertado en el estómago.
Pero en febrero de 1983, Graciela conoció a Charles Ives y a su esposa Velvalea, médicos misioneros de paso por Honduras, y ellos se interesaron en su caso. La llevaron a los Estados Unidos, donde la trataron adecuadamente varios cirujanos, devolviéndole el uso del esófago. Tres años después del accidente que sufrió a los catorce años, había perdido por completo la facultad de deglutir. Pero ahora, con un nuevo esófago, volvió a sentir el deleite de la comida.
He aquí una joven que pasa diez años de su vida sin poder tragar. Diez años sin gustar el sabor de las comidas. Diez años sin poder sentarse a la mesa delante de bien provistos platos y sin poder gozar de esa bendición. Diez años en que casi se olvida cómo se come. Eso de no poder tragar es una verdadera tragedia. Porque no se puede comer bien, no se pueden gustar los sabores y no se puede disfrutar de la comida en conjunto, que es también uno de los grandes placeres de la mesa.
El verbo tragar, bien gráfico por cierto, lo usamos muchas veces en sentido figurado. Como cuando decimos: «A ese tipo no lo trago.» O cuando expresamos: «Eso que me dices es algo difícil de tragar.» En casos como esos, estamos padeciendo una enfermedad moral parecida a la de Graciela, que era física. Normalmente, y en buen espíritu cristiano, deberíamos tragar a cualquier prójimo. Porque Jesucristo nos manda que amemos al prójimo como a nosotros mismos, y que aceptemos y soportemos a todos con la mejor voluntad.
Y si oímos alguna vez algo que nos duele, algo que, siendo la verdad, no nos gusta, algo que lastima nuestra vanidad o nuestro orgullo, debemos tragarlo con paciencia porque es algo que nos hará bien. El apóstol Santiago nos exhorta a que recibamos con humildad la palabra que hemos ingerido (Santiago 1:21). Hagamos de Cristo nuestro Señor y Maestro, y alimentemos nuestra alma con su Palabra.

miércoles, 3 de agosto de 2016

«¿ACASO EN VANO LLEGAMOS A VIVIR?»

En el museo de la culta y refinada ciudad de Hermosillo en México hay una placa con la inscripción de un poema azteca escrito en náhuatl, el idioma de los antiguos habitantes del país.
La traducción española de este poema dice así: «¿Con qué me iré a la eternidad? ¿Se acabarán mis cantos como se marchitan las flores? ¿Nada será mi nombre alguna vez? ¿Nada dejaré que me recuerde en la tierra? ¿Al menos flores, al menos cantos? ¿Cómo ha de obrar mi corazón? ¿Acaso en vano llegamos a vivir?»
Aunque escrito quizá siglos antes de que Colón descubriera América y antes de que Hernán Cortés hiciera temblar la tierra de los aztecas con sus botas de conquistador, un hombre de corazón sensible habló con su alma y preguntó: «¿Acaso en vano llegamos a vivir?»
Esta pregunta del desconocido poeta azteca es universal. No ha habido persona sensible en la tierra que no se haya preguntado alguna vez: «¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué estoy haciendo aquí?» La seguridad instintiva de que venimos de alguna parte y vamos hacia otra parte, y de que en la tierra y en la vida estamos sólo de paso, pertenece a la experiencia común de los seres humanos.
La Biblia tiene la respuesta. Dice que venimos de Dios y a Dios vamos. Y mientras estamos en la tierra y en la vida, somos puestos a prueba para ver si nos capacitamos o no para ascender a la vida superior del cielo.
No venimos a vivir en vano. Venimos a cumplir con una ley y a someternos a una disciplina. Como seres humanos inteligentes y racionales, y como seres espirituales con poder para tomar decisiones y escoger entre el bien y el mal, si somos capaces de cumplir con las exigencias de Dios, no habremos vivido en vano. Habremos pasado la prueba y habremos sido aprobados para llegar a la presencia de Dios.
En esta prueba larga y dura que es la vida, quien nos ayuda es Jesucristo el Salvador. Él derramó su sangre en la cruz para redimirnos del pecado y, si se lo permitimos, nos da de su Espíritu divino a fin de que tengamos el poder para vivir rectamente. Y quiere estar a nuestro lado cada día. Con Cristo, alcanzamos la victoria suprema. Por eso en la Biblia Dios nos pide: «Dame, hijo mío, tu corazón» (Proverbios 23:26).
¡Dejemos un recuerdo de amor y de fe en nuestro peregrinaje terrenal!

domingo, 24 de julio de 2016

REFLEXION: CUANDO NO TENEMOS LA BOCA LIMPIA

(Día Internacional de la Lucha contra el SIDA)
«En cierta ocasión hablaba yo con un anciano campesino, un pobre serrano, cerca de las Hurdes, región del centro de España.... Le preguntaba si es que por allí vivían en promiscuidad. Me preguntó qué era eso, y al explicárselo, contestó: “¡Ah, no! ¡Ahora ya no! Era otra cosa en mi juventud. Cuando todos tienen la boca limpia se puede beber de un mismo vaso. Entonces.... vinieron esas enfermedades que envenenan la sangre y hacen locos e imbéciles. Porque eso de que le hagan a uno un hijo loco o imbécil, que no le sirva para nada luego, eso no puede pasar.”»
De esta anécdota personal se vale el gran pensador español Miguel de Unamuno para hacer algunas de sus profundas reflexiones de su puño y letra en su obra filosófica titulada La agonía del cristianismo. El campesino «hablaba como un sabio —comenta Unamuno—. En las palabras del viejo y sentencioso serrano comprendí toda la tragedia del pecado original.... Y comprendí también lo que es la agonía de nuestra civilización.»1
¿Qué es exactamente el pecado original al que se refiere Unamuno? En una palabra, la soberbia. En el estado perfecto del huerto del Edén nuestros primeros padres tenían la boca limpia y podían beber de un mismo vaso sin que les pasara nada. Pero echaron a perderlo todo cuando quisieron ser como Dios. Y esa puerta por la que le dieron entrada a la soberbia se convirtió en la puerta de salida del huerto.2
Por lo menos unos cuatro mil años después, Jesucristo, el Hijo de Dios, que era por naturaleza Dios, se rebajó voluntariamente y se hizo hombre, humillándose a sí mismo.3 Es decir, Dios mismo dejó de ser igual a Dios para que el hombre dejara de procurar ser igual a Dios por sus propios méritos. Así Dios invirtió las tablas del pecado original, ofreciéndonos a su único Hijo como puente de reconciliación con Él.
Si bien está agonizando la civilización actual es porque ha perpetuado ese ciclo de soberbia que comenzó en el Edén. En vez de procurar ser como Cristo en la humildad, en la entrega y en el amor al prójimo,4 se ha entregado al amor propio, a la promiscuidad, que la humilla, la rebaja y la mata con toda clase de enfermedades venéreas y el SIDA. Se empeña en imponer, como norma de la sociedad, lo anormal como normal. Nuestra civilización corre riesgos necios, y por televisión, en el cine y en los demás medios de comunicación social, fomenta la promiscuidad y el sexo fuera del matrimonio como si no hubiera posibilidad de contagio, como si no existiera el peligro de contraer una enfermedad venérea o mortal. ¡Quiera Dios que reaccionemos y lo busquemos a Él, despojándonos de esa soberbia antes de que no sirvamos para nada! Digamos categóricamente, al igual que aquel anciano campesino: «¡Eso no puede pasar»!

domingo, 17 de julio de 2016

REFLEXION : «VIVIENDO EN UN CHIQUERO»

Todo el día era un concierto de gruñidos, chillidos y chapoteos en el barro. El ambiente era malsano, el aire estaba emponzoñado, y los alrededores, grises y malolientes. No se podía esperar nada mejor de lo que era un enorme chiquero, con docenas de puercos semisumergidos en el fango.
Una niña hermosa de siete años de edad estaba allí. La habían atado a un poste con una cuerda. Apenas le daban mala comida, y la tenían medio desnuda a la intemperie. Todo esto ocurría en el caserío El Canito de Maracaibo, Venezuela. Sólo la oportuna intervención de una religiosa que vio a la niña en ese lugar la salvó de una horrible muerte segura.
«Viviendo en un chiquero» eran los titulares de los diarios de Maracaibo que daban la noticia. A la niña la había dejado su madre en manos de unos campesinos mientras iba a la ciudad a internarse en el hospital. La madre no volvió a reclamarla, y los campesinos obligaron a la niña a vivir entre los cerdos.
Puede decirse que fue un caso de ignorancia, de insensibilidad, favorecida por la escasa cultura; un caso de violenta necesidad, engendrada por la pobreza. O quizá fuera un sórdido acto de desquite. Pero la trágica realidad era que a una niña de siete años la obligaron a vivir en un chiquero.
Los chiqueros del campo y los de las grandes ciudades abundan en nuestros tiempos. Los chiqueros campesinos, cuando están a campo abierto y en medio de un paisaje agreste y rural, son hasta bonitos, si sabemos mirarlos con ojos de artista, de poeta o de filósofo. Pero los chiqueros de las ciudades no tienen nada de bonitos.
      Pensemos, por ejemplo, en las cantinas, donde hombres y mujeres pasan las horas bebiendo. ¿Tienen éstos algo de bonito? Pensemos, así mismo, en los garitos y en las casas de juego, donde otros tantos pasan horas enteras quemando su dinero y empobreciéndose material y moralmente. ¿Acaso tienen algo de bonito?
Aunque pudiera parecer demasiado sarcástico o mordaz, o que tuviéramos la intención de denigrar o de insultar a alguien, debemos decir las cosas con franqueza: las casas de juego, las cantinas, los lenocinios y lugares por el estilo son poco menos que chiqueros de las ciudades, aunque en ellos haya música, luces, perfumes y personas elegantemente vestidas.
¿Quién puede sacarnos de tales sitios? Uno solo: Jesucristo. Él puede, y quiere, hacerlo hoy mismo.
t

domingo, 3 de julio de 2016

REFLEXION: «MI PADRE... SE SIGUE PORTANDO MAL»

«Mi padre en mi niñez me dañó debido a su comportamiento [agresivo], tratándonos mal a mí, a mis hermanos y a mi madre, a tal grado que perjudicó mi sistema nervioso y me produjo traumas que me causaron problemas del habla.
»Ahora que soy adolescente, lo estoy manteniendo, sin ningún rencor por el daño que me hizo en mi niñez, ya que no puede conseguir trabajo por su edad; pero se sigue portando mal. En los lugares donde vivimos, siempre tiene peleas con los dueños a pesar de que yo pago el alquiler, y eso me perjudica porque tenemos que andar buscando apartamento y mudándonos.
»Hemos tenido pleitos por su mal comportamiento. Él dice que, si decido dejarlo, sus hermanas lo acogerán; pero no sé qué decisión tomar: si decirle que se vaya, o tener paciencia, algo que he tenido por muchos años.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»¡Cuánto sentimos la situación en que te encuentras! ...
»No mencionas la vergüenza y la pena que sientes a causa del comportamiento de tu padre. Al contarnos tu caso, te enfocas en lo que tienes que hacer para arreglar el desorden y no en cómo eso te hace sentir. Pero ten en cuenta que tus sentimientos y tus emociones son importantes, y están contribuyendo directamente a tus problemas de los nervios y del habla. Cuando niegas sentir lo que sientes o no les haces caso a esos sentimientos, o los consideras una debilidad, se afecta tu cuerpo.
»Cuando yo vivía con mis padres alcohólicos, hubo centenares de veces en que el comportamiento de ellos me causó pena y vergüenza. Yo trataba de arreglar todo el daño que hacían, a la vez que trataba desesperadamente de evitar que crearan más problemas. Era agotador, y yo estaba muy ansiosa por irme de aquella casa.
»Uno de los Diez Mandamientos es honrar al padre y a la madre.1 Las Sagradas Escrituras también nos enseñan que debemos cuidar a nuestros padres ancianos.2 Tú has estado siguiendo esas instrucciones a pesar de la conducta de tu padre, la cual está en absoluta contradicción de lo que enseña la Biblia.
»Sin embargo, no hay ninguna enseñanza bíblica que diga que tienes que vivir con tu padre y sufrir a causa de su incesante comportamiento agresivo y destructivo. Si él tiene a dónde ir, entonces dile que se vaya. Sigue aportando el dinero que puedas para su sustento, pero asegúrate de haber provisto para ti mismo primero. Después que él se haya mudado, visítalo y llámalo por teléfono, tratándolo siempre con respeto. Debido a su actitud agresiva, él tratará de hacer que te sientas culpable, y tal vez te regañe y te insulte. Pero en vez de dejar que discuta contigo, sal del lugar en que estén o termina la conversación telefónica. No permitas que arruine tu vida así como ha arruinado la suya.»


domingo, 26 de junio de 2016

REFLEXION : EL ARCA DE JACINTO

«Quince días de furioso temporal....
»Llueve.... el aguacero arrecia y golpea con furia los techos de zinc.
»Se han paralizado todos los trabajos de la hacienda. Los hombres dormitan el día entero acurrucados en sus camastros, o se agrupan en los corredores, muy encogidos, envueltos en sus gangoches y cobijas, y conversan....
»—Esto va pa’ largo, ¿saben? Y los ríos se van a botar ajuera...
»Jacinto se entretiene contando cuentos, que arregla a su manera.... Los muchachos... pasan las horas pendientes de los labios de Jacinto que, acurrucado sobre un banco, arrollado hasta las orejas en su cobija colorada,... va hilvanando sus fantasías...
»—¿Por ónde iba? Ah, sí, güeno... Entonces Tatica Dios le dijo a su pariente: “Así es que ya sabés, Nué: lloverá cuarenta mil días y cuarenta mil noches, contadas con la mano. Te hacés el Arca y te me metés allí con sólo una pareja’e cada animal. ¡Cuidao con la cuenta!”... Y el hombre Güeno y Justo contrató a todos los carpinteros de la vecindá y’hicieron un Arca’e puro cedro amargo, que era como un barco grandísimo, como todas estas casas juntas. Y ya comenzaron a llegar, una tras de la otra, todas las parejas de animales habidos y por haber: hormiguitas, caballos, tigres, liones, elefantes....
»—Yo que Nué hubiera dejao a los [insetos] malos por fuera, pa que se’hogaran —apunta uno de los oyentes.
»—¡Ahí sí que no! Esos jueron los primeros que entraron. El Hombre Güeno y Justo no podía matar a sus nigüitas, ni sus piojitos, ni sus pulguitas, ni sus alepaticos...
»Ríe el auditorio y se rascan algunos como si estuvieran tirados en sus camastros soportando, como siempre, a los [insectos] que el Hombre Bueno y Justo se empeñó en salvar.»1
«Y en ese tono continúa la historia en labios de Jacinto, uno de los hermanos marimberos, que ameniza las largas horas de interminable temporal —comenta el doctor Víctor Manuel Arroyo en su prólogo a Gentes y gentecillas, que es la segunda novela del popular autor costarricense Carlos Luis Fallas—. Dios pierde en el relato la terrible imagen de juez inmisericorde que algunos chantajistas han forjado, para humanizarse, usando el habla popular y haciendo buenos chistes. Es un Dios que está más cerca de nosotros, indudablemente.»2
El doctor Arroyo tiene toda la razón. En su relato Carlos Luis Fallas humaniza a Dios en el contexto más difícil: el diluvio con el que castiga por su impiedad a la humanidad entera. Pero conste que ese mismo Dios, que prometió no volver a castigarnos con un diluvio,3 se humanizó Él mismo más de dos mil años después.4 Al hacerse hombre nos mostró que quiere estar más cerca de nosotros, y al morir en la cruz por nuestra impiedad nos mostró que no vino como Juez sin misericordia sino como Salvador compasivo.5 Y para completar, nos dejó constancia de todo esto en el Nuevo Testamento, que se escribió en el habla popular de aquel entonces.

domingo, 19 de junio de 2016

REFLEXION : PRESIONADO A DISCRIMINAR A AMIGOS

«He empezado a asistir a una iglesia cristiana, y me gusta lo que se enseña y las actividades que se organizan. Sin embargo, tengo amistades que cultivé mucho tiempo antes que hacen cosas que contradicen lo que la iglesia recomienda.... No considero que [esos amigos] sean malas personas. De hecho, los aprecio mucho, y en muchas ocasiones ellos y sus familias me han mostrado mucho cariño, lealtad y aprecio. No quiero alejarlos de mí, y sin embargo siento como si estuviera presionado a discriminarlos porque no llevan una vida cristiana.... He podido observar que creen en Dios, pero sin formar parte de ningún grupo cristiano. No sé qué hacer.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»La palabra cristiano significa muchas cosas diferentes para muchas personas diferentes, así que cuando usted dice que asiste a una iglesia cristiana, cada una de esas personas se formará una idea diferente de lo que usted quiere decir con eso. Millones de personas alrededor del mundo asisten a iglesias que tienen imágenes de Cristo y cruces en sus altares, así que a ellas el hecho de que usted asista a una iglesia cristiana no les parecería que exigiera nada al extremo de abandonar a sus amigos. Además, todo el mundo conoce al menos a una persona que asiste a la iglesia y sin embargo miente, engaña y carece de integridad. Por eso el asistir a una iglesia, aunque sea cristiana, no es más que una tradición para algunos y pertenecer a un club social para otros. Amigos que creen en Dios encajan perfectamente en ese tipo de actividad religiosa, ya sea que asistan o no a una iglesia.
»Sin embargo, para usted ha llegado a ser más que una tradición o que el pertenecer a un club. Usted está aprendiendo las enseñanzas de Jesucristo y ha decidido ponerlas en práctica en su vida diaria. Como resultado, ha comenzado a preguntarse si sus amigos de antaño tal vez sean una influencia negativa que afecte la decisión que ha tomado de cultivar una relación personal con Cristo. ¿Comprenderán esos amigos que las creencias cristianas que usted ahora sostiene han cambiado su forma de pensar y su estilo de vida?
»Cuando Jesús anduvo en este mundo, se hizo amigo de pecadores que eran marginados por la sociedad mientras que trataba con desdén a los líderes religiosos que estaban más interesados en las reglas de su religión que en las relaciones con los demás. De modo que, si somos seguidores de Cristo, trataremos de seguir su ejemplo. Eso quiere decir que tendremos amigos que no siguen las enseñanzas de Cristo, siempre y cuando sepan lo que creemos, respeten nuestras decisiones y no traten de ejercer influencia sobre nosotros con el fin de que abandonemos nuestras normas de conducta. Sin embargo, también debemos seguir el ejemplo de Cristo de dar a conocer el evangelio a cada uno de nuestros amigos....»

domingo, 12 de junio de 2016

REFLEXION: «DE VERAS ME AMABA»

—No tomes esa foto —advirtió Lawrence Collier—; es peligroso.
Lawrence, un joven australiano, conocía esa reserva y conocía la ferocidad de las fieras.
—Pero son leones mansos y, además, está permitido —le contestó la muchacha, despreocupada.
La joven, Judith Damien, también australiana, era amiga de Lawrence. Se habían conocido en Australia, y había un interés más que de amigos entre ellos. Los dos habían ido como turistas a la reserva de Masai Mara en Nairobi, Kenia.
La joven preparó su cámara, e iba acercándose a una de las fieras cuando, de repente, los leones se abalanzaron sobre ella. Todo ocurrió en un instante.
Lawrence, que vio todo desde el vehículo, saltó en medio e interpuso su cuerpo entre ella y los leones. La pareja de felinos hizo presa de él, matándolo en el acto. Judith, aterrorizada, logró ponerse a salvo a pesar de estar herida.
Esa tarde, de vuelta al campamento, Judith dijo: «Él puso su vida por la mía. Nunca me dijo claramente que me amaba. Ahora sí sé que de veras me amaba.»
No hay como una tragedia para revelar quiénes son nuestros verdaderos amigos. El dolor, la agonía, la calamidad, revelan quiénes son las personas que de veras nos estiman. La calamidad ahuyenta a los distantes, pero acerca a los que nos aprecian. Es una especie de ley muda pero cierta. La tragedia, el accidente, la enfermedad, la muerte de un ser querido, tienen su manera de atraer a nuestro lado aquellos que son, de veras, nuestros amigos.
Esto nos lleva a hacer la pregunta: ¿Cuánto amor tuvo que tener Jesucristo para impulsarlo a entregar su vida en la cruz por nosotros, el género humano? Cristo mismo da la respuesta: «Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos» (Juan 15:13).
Todo amor se prueba con los hechos. Palabritas dulces las hay a montones, y el infame seductor sabe usarlas bien. Pero una cosa es el amor genuino, y otra, los hechos que lo comprueban.
Jesús expuso y dio ejemplo de la doctrina del amor verdadero. Él mismo, por amor, dio su vida por nosotros. Su amor fue perfecto, y se materializó en un sacrificio perfecto.
Jesús probó su amor hacia nosotros tomando nuestro lugar en la cruz. ¿Qué podemos nosotros darle a Él? Podemos corresponder a su amor. Podemos decirle: «Gracias, Señor, por lo que hiciste por mí. Mi vida es tuya para siempre.»

domingo, 5 de junio de 2016

REFLEXION «FOTOS... HACIENDO COSAS INDECOROSAS»

«Mi novia me engañó, y encontré fotos de ella con él, haciendo cosas indecorosas. Pero ella no sabía que yo tenía dichas fotografías, y lo que hice fue subirlas a la Internet [para] que todos vieran eso, [incluso] sus compañeros de clase. Le hice daño... y ahora me arrepiento.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimado amigo:
»La Internet es una herramienta maravillosa que ha enriquecido nuestras vidas, pero también puede ser un arma destructiva capaz de herir al inocente y a la vez al culpable. A usted lo hirió el engaño de su novia,  y quiso que ella sintiera algo del dolor que usted estaba sufriendo. Así que logró su objetivo mediante el uso de la Internet. Pero tal como lo descubren la mayoría de las personas, la venganza no fue tan placentera como usted pensó que sería.
»Nunca puede borrarse de la mente lo que aparece en la Internet. Claro que puede quitar las fotos, pero el daño ya está hecho. Las imágenes produjeron reacciones en cada una de las personas que las vieron, y sin duda es por esas reacciones que usted ahora lamenta lo que hizo....
»El apóstol Pablo enseñó: “No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.”1 “Delante de todos” quiere decir que todos los demás estarán al tanto de lo que hacemos. Sin embargo, la Internet hace que sea posible hacer lo malo sin que nadie jamás se entere de quién lo hizo.
»Los blogs y los sitios en la Internet a veces se crean de manera anónima con el fin de difamar a personas y organizaciones. Las redes sociales dan refugio a delincuentes y pedófilos que acechan a los inocentes y a los incautos mediante identidades falsas. Y los adolescentes malogran la reputación de sus amigos al publicar fotos e información comprometedoras, todo sin revelar su propia identidad.
»Por supuesto que debe pedirle perdón a su ex novia por lo que usted hizo, pero es posible que ella no esté dispuesta a perdonarlo. ¿Qué puede hacer usted, entonces, para aliviar su conciencia, que con razón lo está acusando? Confiésele su pecado a Dios, y pídale que lo perdone. Si usted es sincero, y si de veras está arrepentido, Él lo perdonará. Su Hijo Jesucristo murió a fin de llevar el castigo por lo que usted hizo, así que usted no tiene que afrontar el castigo eterno que merece por su pecado.
»Sea un ejemplo de bondad, honradez e integridad. Quien es íntegro hace lo correcto aun cuando nadie lo esté observando. Haga lo debido cuando la gente puede verlo, y haga lo debido cuando la gente no puede verlo.... Tarde o temprano el recuerdo de este triste episodio desaparecerá, pero su recién cultivada integridad y relación con Cristo lo acompañarán de aquí en adelante.»
Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. 


martes, 31 de mayo de 2016

REFLEXION : EL PESO INSOPORTABLE DEL DINERO

Salvador García trabajaba de cargador para una compañía de transportes en Madrid, España. Su oficio consistía en descargar los camiones y almacenar la mercancía en grandes bodegas. Con eso tenía para el sustento de su familia.
Esa mañana Salvador comenzó temprano su trabajo. Pero era un cargamento descomunal. Se trataba de cajas llenas de monedas. Lamentablemente, por un mal movimiento, se le vino encima una pila de éstas. El hombre maniobró para esquivarla, pero no con suficiente rapidez para librarlo del golpe. Por lo pequeño y flaco que era, Salvador no soportó el peso de tantas monedas encima, en total 410 kilos.
El que a un hombre lo aplaste el peso del dinero no es nada fuera de lo común. Al contrario, es algo que sucede todos los días. Lo extraordinario del caso es que lo que aplastó al hombre fue el peso físico del dinero y no el peso mental. ¿Por qué será que hay tanta gente que muere bajo el peso de la obsesión con el dinero?
«¡Dinero, dinero! —exclamó Eca de Queiroz, escritor portugués—. ¿Qué no hacen los hombres por el dinero? ¡De todo! Aun vender su alma inmortal.»
El apóstol Pablo, en una carta a su discípulo Timoteo, le dice: «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores» (1 Timoteo 6:10). Es interesante notar cómo el apóstol describe el peligro del dinero: el amarlo «es la raíz de toda clase de males».
¿Qué es el amor al dinero? Es la pasión obsesionante y enfermiza de querer más y más, de nunca tener lo suficiente. A algunos la obsesión los hace ahorrar y ahorrar sin saber ni para qué. A otros la obsesión los hace gastar y gastar, y de lo que obtienen nunca hay fin. El dinero que en forma desmedida obtenemos, y todo lo que conseguimos que va más allá de nuestras necesidades, nunca bastarán para satisfacer nuestra avaricia. Si sólo anhelamos lo material, viviremos ansiosos toda la vida.
De los labios de Roger Bacon, monje inglés de la edad media, salieron las siguientes palabras, que son oro: «El dinero es como el estiércol. Amontonado, apesta, pero desparramado por el mundo, fertiliza.»
Sólo cuando Jesucristo es nuestro Señor podemos ser libres de la pasión por el dinero y del peso mortal de la avaricia. Porque Cristo nos da el equilibrio necesario para saber usar el dinero, sin dejarnos dominar por él.

domingo, 29 de mayo de 2016

REFLEXION : MATRIMONIO POR CONVENIENCIA

«Me casé con un joven de veintiséis años.... Nos casamos para irnos a vivir a [otro país].... Íbamos [a conseguir] una visa de trabajo a través de mí.... Hace poco me dejó... y luego descubrí que él planeó casarse conmigo porque yo le conseguiría sus papeles.
»Ahora vive con otra mujer.... ¿Cómo es posible que un hombre sea tan malo y despiadado en casarse sólo por conseguir algo...? Nunca me amó, y yo me enamoré de él como una estúpida y ahora sufro porque mi matrimonio fue sólo una mentira.... ¿Cómo es que existen hombres así tan malos? ¿Alguna vez pagan por lo que hacen?»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»¡Lamentamos mucho el dolor que está sufriendo! Usted aprendió a las malas que los hombres no siempre son lo que aparentan. Casi todas las semanas nos cuenta su caso alguna mujer que se ha dejado engañar por un hombre que ella consideraba su príncipe azul. (Desde luego, las mujeres también pueden engañar a los hombres, pero eso parece ocurrir con menos frecuencia.)
»Casi de seguro hubo señales de advertencia que usted pudo haber percibido. Cuando un hombre miente, no se hace responsable de su conducta, o trata de dominar a una mujer, ella debe de inmediato ponerle fin a esa relación. Cuando al parecer él no la valora, no la considera o tiene ciertos vicios, ella debe negarse a volver a verlo. Pero por lo general ella se convence de que puede cambiarlo, o de que él la necesita tanto que no puede arreglárselas por sí solo. ¡Mentiras, engaño, manipulación!
»Usted pregunta cómo es que un hombre puede ser tan malo como para tratarla de ese modo. El apóstol Pablo explica que todos tenemos una “naturaleza pecaminosa”, es decir, pecado que habita en nosotros.1 A pesar de que a todos nos iría mucho mejor si siempre optáramos por hacer el bien en vez de pecar, Dios no nos obliga a ninguno de nosotros a que haga el bien. Al contrario, Él nos permite tomar nuestras propias decisiones. Pero a esas decisiones las acompañan ciertas consecuencias, y las malas consecuencias las sufren tanto los inocentes como los culpables. Por eso hay guerras, secuestros, homicidios y violaciones sexuales. Todos esos males son las consecuencias de decisiones que alguien ha tomado....
»Usted también pregunta si los hombres malos han de pagar por lo que han hecho. La respuesta es que todos algún día moriremos y luego se nos juzgará por el mal que hayamos hecho. Los que le han pedido perdón a Dios, en el nombre de su Hijo Jesucristo, y han reemplazado el mal que hay en su corazón por amor, compasión y bondad, no tendrán que sufrir el castigo por sus pecados, porque Cristo tomó sobre sí ese castigo al morir en la cruz. Pero los que no han aceptado a Cristo ni han buscado el perdón de Dios serán castigados sin remedio.»

domingo, 22 de mayo de 2016

REFELXION: «EL SUEÑO DE MARÍA»

«Tuve un sueño, José. En realidad no lo pude comprender, pero me parece que se trataba del nacimiento de nuestro hijo....
»La gente estaba haciendo preparativos, con varias semanas de anticipación. Adornaban sus casas de colores brillantes, estrenaban ropa, salían de compras muchas veces y volvían con muchísimos regalos. Era un tanto extraño, pues los regalos no eran para nuestro hijo. Los envolvían en hermosos papeles y los ataban con preciosos moños, y luego los ponían debajo de un árbol.
»Sí, José, un árbol, y dentro de sus casas: un árbol decorado, con sus ramas llenas de esferas y un gran número de adornos. Algunos de esos adornos despedían una luz encantadora. En lo más alto del árbol había una figura realmente hermosa. Me pareció que era una estrella o un ángel.
»Era un ambiente muy acogedor. Todos estaban contentos y sonrientes, emocionados por los regalos que se daban unos a otros.
»Pero, ¿sabes qué, José? No quedó ni un solo regalo para nuestro hijo. Me dio la impresión de que nadie lo conocía, ya que nunca mencionaron su nombre. ¿No te parece extraño que la gente trabaje y gaste tanto en los preparativos para celebrar el cumpleaños de alguien a quien ni siquiera mencionan?
»Tuve la extraña sensación de que, si nuestro hijo hubiera estado en esa fiesta, lo habrían tratado como a un desconocido. Todo lucía hermoso y la gente se veía feliz; sin embargo, sentí muchas ganas de llorar.
»¡Qué tristeza para Jesús, no ser invitado a su propia fiesta de cumpleaños! Menos mal que sólo fue un sueño. ¿Te imaginas lo terrible que sería si eso se hiciera realidad?»
Este cuento de autor desconocido que lleva por título «El sueño de María» nos hace reflexionar sobre lo que se ha hecho una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad. Se trata de la práctica de hacer caso omiso del Cumpleañero más importante del género humano. ¿Acaso no se le concede a su nacimiento tanta importancia que marca la división de la historia? Las designaciones «antes de Cristo» y «después de Cristo» lo ponen de relieve como el Personaje por excelencia de la historia universal. Con razón que a la Virgen María le pareciera tan extraña la manera como actualmente celebramos el cumpleaños de su hijo. Es como si todos, menos Cristo, cumpliéramos años ese mismo día.
Si bien no tiene sentido que hagamos caso omiso del Cumpleañero más importante del género humano, es porque ese hijo de María, y por eso llamado «el Hijo del hombre» en los Evangelios, era también el Hijo de Dios. Dios nuestro Creador, que nos hizo a su imagen y semejanza, se humilló y tomó nuestra naturaleza humana, naciendo en un pesebre, para que nosotros pudiéramos nacer de nuevo y algún día ser glorificados, asemejándonos a Él en su naturaleza divina.
El verdadero sueño de María era que el mundo reconociera a su hijo Jesucristo como el Hijo de Dios. ¡Qué hermoso sería si eso se hiciera realidad!

domingo, 15 de mayo de 2016

REFELXION : CINCO MUERTES YA SON DEMASIADAS

Súbitamente, en medio de la noche, el bebé dejó de respirar. No tenía ninguna enfermedad. No había ingerido ningún veneno. No había monóxido de carbono en la habitación. Simplemente, cesó de respirar. El diagnóstico fue: Síndrome de Súbita Muerte Infantil. Nadie sabe su causa.
Lo peor del caso es que el mal no cesó con la primera criatura. Uno tras otro murieron, con el mismo diagnóstico, cinco bebés de Waneta Hoyt, que tenía cuarenta y siete años de edad cuando murió el quinto. Bebé que le nacía, bebé que moría antes de cumplir los tres meses.
Que muera del síndrome un bebé en una familia, podrá pasar. Pero que mueran cinco en una sola familia, ya son demasiados. Así que la policía comenzó a investigar.
Resultó otro caso revelador de lo compleja que es el alma humana. Waneta era una buena mujer, según decían todos. Buena esposa, buena vecina, buena parienta y fiel asistente a su iglesia. Hasta adoptó a un niño que ya estaba en la secundaria.
Sin embargo, apremiada por los interrogatorios, confesó haber matado a sus hijitos. El primero sí había muerto del síndrome, pero ella misma había sofocado a los otros. A uno de ellos lo había apretado con el pecho. ¿Y por qué los mató? Porque recibió tantas condolencias por el primero que se aficionó a las conmiseraciones, y quiso seguir recibiéndolas. ¡Complejidades enigmáticas del alma, impulsos tenebrosos que yacen en lo más recóndito del ser humano!
Sin tener que hacer psicología barata, en la raza humana hay un solo síndrome. Es el de la culpa. Para Waneta, las condolencias mitigaban su culpa.
De ese complejo de culpa devienen todos los males físicos y psiquiátricos de la humanidad. Es un complejo que empezó con Adán y Eva. Después de haber infringido el mandamiento de Dios, trataron de ocultarse en la maraña y cubrir su desnudez con hojas de higuera.
No obstante, nada ni nadie puede quitarnos ese complejo de culpa. En el transcurso de los siglos el hombre ha inventado de todo para librarse de él. Ha inventado sistemas filosóficos, ha buscado religiones, y hasta ha querido hacerse ateo. Pero no hay caso. No ha podido quitarse de encima ese complejo.
Es que sólo Jesucristo puede quitar la culpa del alma humana. Sólo Él puede limpiarnos del complejo de culpa y todos sus derivados. Cristo cargó en la cruz la culpa de toda la raza humana. Él pagó el precio de nuestra liberación. Él nos redimió. Sólo Cristo limpia el alma dejándola pura

domingo, 8 de mayo de 2016

REFELXION : «INFIEL CON DOS INDIVIDUOS A LA VEZ»

«Llevo catorce años de matrimonio. Durante trece de esos años le fui fiel a mi esposo, pero en el último año le fui infiel con dos individuos a la vez.... Durante este tiempo he pasado por grandes angustias, pues sé que la paga del pecado es la muerte.... Mi esposo ya sabe la verdad, y estamos intentando recuperar nuestro matrimonio.
»Mi pena es pensar si realmente soy tan mala mujer. ¿Cómo puedo volver a mirar a mi esposo sin sentirme avergonzada? ... Sólo quisiera saber si en algún momento puedo volver a merecer el amor de Dios.»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»Nos alegramos de que haya dejado de serle infiel a su esposo y que los dos quieran tratar de salvar su matrimonio. La animamos a que ponga todo su esfuerzo en comprobarle a su esposo que él puede confiar en usted. Dele la contraseña de su correo electrónico y pídale que revise sus mensajes de texto cada vez que él quiera hacerlo. No guarde ningún secreto. Dígale dónde va a estar en cada momento del día. Las palabras que usted diga arrepentida no son tan importantes como un cambio de conducta y de actitud. Así que espere que pasen unos dos o tres años antes de que su esposo vuelva a confiar en usted.
»Usted quiere saber si algún día puede volver a merecer el amor de Dios. No, no es posible. Nunca va a poder merecer el precio que Jesucristo pagó en la cruz por los pecados que usted ha cometido. Sin embargo, no hay ninguno de nosotros que merezca el amor de Dios, ni siquiera la persona que al parecer sea la más santa de todas. Eso se debe a que todos como seres humanos tenemos una naturaleza pecaminosa que nos hace débiles, mientras que la tentación de pecar es fuerte. Por eso hacemos determinadas cosas y luego nos sentimos muy enojados con nosotros mismos por lo que hicimos. Siempre tenemos en nosotros la tentación de cometer pecados.
»Lamentablemente nuestro pecado merece el castigo. Pero Jesucristo murió para que recibamos el perdón a pesar de que nunca lo mereceremos.
»Usted dice que siente la pena de pensar que pudiera ser tan mala mujer. Aunque tiene razón para pensar que sus decisiones han sido muy malas, eso no quiere decir que usted misma sea mala. Usted es una hija de Dios, creada a su imagen y semejanza. Él la ama y quiere perdonarla y purificarla de nuevo, limpiándola de todo pecado. Sin embargo, usted tiene que decirle lo arrepentida que está y pedirle que la perdone. Luego lea la Biblia para saber lo que Dios quiere de parte de usted. Pídale en oración que la ayude a mantenerse alejada del pecado.
»Usted se siente avergonzada cuando mira a su esposo. Esa vergüenza es la voz de la conciencia, que le recuerda cómo le ha fallado a él.... Acepte la conciencia como a una amiga íntima.... [y] recuerde que Dios perdona y olvida, pero el hombre nunca olvida.»
Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. 


miércoles, 4 de mayo de 2016

REFLEXION: UN SOLO VIAJE MÁS

Durante treinta años había manejado por la misma ruta. Durante treinta años había guiado el autobús por en medio de rectas, curvas y barrancos. Treinta años sus férreas manos habían empuñado el volante, y treinta años había llevado y traído pasajeros en la ruta de Granada-Málaga, reino de España.
Pero con treinta años de trabajo, José Mancera Sánchez, de cincuenta y nueve años de edad, podía jubilarse. No tenía que seguir esa cansada y monótona tarea. Su pensión de jubilación sería menos que su salario si seguía trabajando, pero con algunos ahorros que había hecho, podría subsistir.
Quiso, sin embargo, hacer un último viaje. Sería su viaje de despedida. «Me jubilaré —había dicho— después de este último viaje.» Pero ese fue, en efecto, su último viaje. José Mancera Sánchez se desmayó en el volante, y el autobús, con cuarenta y un pasajeros a bordo, se precipitó a un barranco de veinticinco metros de profundidad. Hubo muchos heridos, y perdieron la vida Mancera y cinco pasajeros más.
¿Cuántas cosas nos ocurren por querer hacer «un viaje más»? ¿Y cuántas veces el sentido de la prudencia y la voz de la conciencia se unen para gritarnos: «¡Basta ya!, es hora de dejar eso»? Pero atenuamos ese grito convencidos de que es «una sola vez más».
¿Cuántas veces no ha ocurrido que un hombre lleno de alcohol insiste en tomar una sola copa más, y es esa copa la que le causa el accidente fatal? Así le pasa al joven que anda en el narcotráfico e insiste en hacer un solo negocio más, y es esa última venta la que lo manda a la prisión federal.
¿Y qué del «caballero» que, enredado en un amor prohibido, siente la voz de la conciencia que le dice: «Deja eso de una vez», pero sigue entregándose al gusto de la seducción, y ese último gusto resulta en su ruina? Por insistir en «una aventura más» sufre la total destrucción de su hogar.
Es importante aclarar que no es sólo el último pecado el que destruye. Toda infracción destruye. Pero cuando insistimos al extremo, no sólo perdemos años de tranquilidad, sino que ese último desenfreno puede costarnos la vida.
Reaccionemos ahora mismo antes que nuestra desmesura nos corte la existencia. Busquemos la ayuda de Dios. Jesucristo ofrece librarnos de toda senda resbaladiza, de todo precipicio siniestro y de toda costumbre mortal. Él quiere darnos la sensatez, la conciencia y la razón necesarias para no caer nunca en el mal. Cristo es el único Salvador que tenemos, nuestro único Maestro y Guía. Permitámosle que sea no sólo un verdadero amigo como ningún otro, sino también el único Piloto de nuestra vida.